Reuniones II* Sádico Bienintencionado

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El sádico bienintencionado está convencido de que las reuniones deben doler. Se trata, esencialmente, de la misma actitud asumida por los asesinos en serie de mayor éxito. De hecho, tienen el mismo lema:

“¿Duele? ¿No? ¿Y ahora?

El sádico bienintencionado tiene a su disposición diversas herramientas para causar incomodidad a los demás. Esas técnicas se pueden utilizar por si solas o en combinación:

Programar reuniones excesivamente prolongadas, independientemente del tema.

No tener un propósito claro.

No permitir pausas para ir al baño (mejor cuando se combina con servir mucho café)

Programar reuniones los viernes por la tarde o a la hora del almuerzo.

Este papel tiene que representarse en combinación con muestras de sinceridad, entrega y, sobre todo, una desconsideración sicopática hacia las vidas de las demás personas. Se puede tener el estado de ánimo correcto contemplando continuamente las películas en que la familia de la estrella es masacrada, y luego el perro del héroe resulta muerto por una bala destinada a él (busque títulos de películas en las que intervengan actores excepcionalmente malos, pero que sean muy buenos en artes marciales).

Mártir Quejumbroso

El mártir quejumbroso ocupa una gran cantidad de tiempo escénico. Esa es la razón por la que existe tanta competencia para representar ese papel. La gente le detestará por ser un mártir quejumbroso, pero eso puede encender su antorcha creativa. Como en las artes escénicas, el público forma parte del espectáculo.

Como mártir quejumbroso, debería aprender a transformar sus quejas en historias que ilustren hasta qué punto usted es valioso e inteligente en comparación con los imbéciles obstruccionistas que le rodean. Imagine que sus colaboradores intentan obstaculizar cada uno de sus movimientos;  si añade entoces una pizca de autoconmiseración, habrá asumido la perfecta actitud del mártir quejumbroso.

Quejas recomendadas

“Parece que voy a tener que sustituir de nuevo al jefe”

“No se preocupe por tomar el último café. Utilizaré el lápiz para rebañar los restos del interior de la cafetera para poder masticarlos durante la reunión”

“No puedo creer que el presidente ejecutivo quiera mantener otra reunión conmigo”

“(Suspiro)…Sí puedo hacer esto por usted…Dispondré de tiempo el sábado por la noche, como siempre. No es ningún problema, puesto que mi esposa me abandonó y se llevó a los niños”

“Vaya, me encantaría ponerme enfermo unos cuantos días como hacen todos aquellos que no tienen nada que hacer”

“¿Otra reunión? Se acabó la última pausa para almorzar que podría haber disfrutado en este año fiscal” Continuará

*Tomado de El PRINCIPIO DE DILBERT de Scott Adams