______________________________

 

OPINIÓN:

El pensamiento UTÓPICO
 

Si los africanos pudieran comer como los perros europeos no estarían peleando con la muerte. Ni ahogándose en el Mediterráneo. Acá hay una profunda cuestión ética, y la política hace mucho que abandonó las preguntas más elementales y se transformó en un apéndice de la econometría: ¿Es más feliz la gente? ¿Nos preocupamos de eso, o nos preocupamos solo del desarrollo? Es muy discutible que estemos mejor porque haya aumentado el PBI. ¿Es más feliz la sociedad japonesa que los muy poquitos aborígenes que quedan en la Amazonia?

Tengo mis severas dudas.

_______________________________________________________________________________________________________________________________________

       

 

Diseñadas para evitar que la tecnología nos robe experiencias.

1. Converse ahora, mande textos después. Si apartó tiempo para el descanso… descanse.

2. Tómese un día libre de teléfono. Hay un aspecto molesto en este desafío: ¿no deberíamos simplemente aprender a controlarnos?

3. Evite ser un “buscatodo”. En otras palabras, renuncie a los mapas, buscadores y los sitios web de recomendaciones de tanto y tanto, y entréguese a la casualidad, a lo inesperado.

4. ¡Ni los codos ni los teléfonos sobre la mesa! Hablemos del “phubbing”: desairar a otras personas haciendo caso omiso de ellas, por prestarle toda la atención a su teléfono móvil.

5. Mire antes de disparar. A veces vale la pena vivir la experiencia antes de documentarla. El filósofo Aristóteles decía que somos lo que hacemos repetidamente.

6. Pruebe antes de cargar. A veces, las tecnologías digitales nos tratan como algo menos que humanos: como apenas unos globos oculares mirando la pantalla y unos dedos tecleando botones. Pero seguimos siendo seres de carne y hueso.

7. Deje dormir al teléfono.  A menudo, el celular está fuera de lugar. Con la cabeza sobre la almohada, es tentador para mirar el teléfono por última vez. Sin embargo, prepararse para que su sueño sea interrumpido. ¿Por qué? Las pantallas de los dispositivos electrónicos emiten luz azul, que su cerebro asocia con la luz del día. La exposición hace estragos con el reloj de su cuerpo.