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OPINIÓN:

El pensamiento UTÓPICO
 

Si los africanos pudieran comer como los perros europeos no estarían peleando con la muerte. Ni ahogándose en el Mediterráneo. Acá hay una profunda cuestión ética, y la política hace mucho que abandonó las preguntas más elementales y se transformó en un apéndice de la econometría: ¿Es más feliz la gente? ¿Nos preocupamos de eso, o nos preocupamos solo del desarrollo? Es muy discutible que estemos mejor porque haya aumentado el PBI. ¿Es más feliz la sociedad japonesa que los muy poquitos aborígenes que quedan en la Amazonia?

Tengo mis severas dudas.

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Nos conocimos en el año 1983 durante nuestra primera visita a la feria de Valladolid, de la que se retiró como Director General. Desde entonces nos une una relación que trasciende lo profesional. Juan es un humanista aparentemente campechano en su forma de ser y actuar, pero esa actitud esconde a un conocedor profundo de la cuestión ferial con todos sus matices, supo en su larga trayectoria  “tocar varios palos”  y hasta atender consultas dando respuestas directas y sensatas como: “lo que dices en el artículo es cierto, pero no lo publiques, hay mucha gente que no soporta la verdad, ¿para qué te vas a crear enemigos?”  Obviamente aquello no se publicó.

Nos alegramos por su merecida jubilación, puede ahora disfrutar de los suyos, de sus paseos ecuestres, de las catas de vinos, etc. y de la tranquilidad de saber lo mucho y bueno que ha hecho por la ciudad de Valladolid y su feria.