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Lecturas veraniegas: Espías I*

Por Adrián Paenza / Matemático, profesor universitario en USA y Bs Aires Argentina.

 

Cuando usted le garantiza acceso

a una app en su teléfono móvil,

¿Qué está permitiendo que (le) hagan?

Usted, como yo,como todos los que tenemos un teléfono celular (móvil) que permite instalar apps, eligió algunas que le son particularmente útiles. No importa cuáles. Usted sabe cuáles son. Sin embargo, en algún momento hay una parte de la ‘letra chica’ a la que no necesariamente le prestamos atención. Lo que queremos es tener acceso inmediato y satisfacción inmediata… y por lo tanto, poder hacer con ella lo que queríamos.

Por ejemplo, y para fijar las ideas, imagínese su cuenta con Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat, LinkedIn, Google, Whatsapp, Viber… y usted elija como continuar.

 

 

 

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Cuando un ciudadano va a visitar un enfermo en la 8ª Planta del Hospital Clínico de Madrid y no sabe en qué habitación está, lo lógico es preguntar en el núcleo de la Planta, la sorpresa es mayúscula cuando recibe la respuesta: “La Ley de Protección de Datos nos impide darle este tipo de información”.
El visitante que hace en esa circunstancia (aparte de jurar en Arameo): ¿Recorre las 40 habitaciones? ¿Llama por teléfono a algún conocido por la información? ¿O tal vez al propio enfermo (si está en condiciones de atender la llamada)? ¿Le pregunta a Google?, etc. O solicita el correspondiente Libro de “Quejas y Sugerencias” y descarga su impotencia ante el absurdo total de dicha medida. ¿Cuántas dosis de criterio habrá que aplicarle a esta sociedad de la información tan cuidadosa con la protección de datos?