ASÍ LES VA HASTA EL HARTAZGO

OPINIÓN

Las empresas de Diseño y Construcción de Stands, ergo, la Industria de Servicios Feriales, optan dentro de la “libertad de mercado” según su capacidad de producción por las distintas opciones ofrecidas por este.

Existe un desconocimiento generalizado sobre este tipo de empresas al no encontrase encuadradas en ningún epígrafe estatal que las defina como tales. Las argumentaciones para que ello suceda son varias, entre ellas, la más señalada se resume en la cantidad de gremios que intervienen desde el partido inicial de un proyecto hasta la culminación del stand.

Y aquí interviene la parte “sindical” porque este tipo de empresas no pertenecen a: la construcción, ni a los metalúrgicos, tampoco a la madera, ni a la electricidad, etc. aunque en las distintas secuencias intervengan todos los sindicatos mencionados y muchos más.

La Industria de Servicios Feriales no pertenece a ningún sindicato.

La situación se complica más aún por el intrusismo generalizado (amparado por la falta de epígrafe) que permite incursionar con absoluta libertad a la más variopinta gama de “profesiones” desde: empresas unipersonales, estudios de arquitectura, empresas de viajes, agencias de publicidad y un largo etcétera; quienes sin ningún tipo de antecedentes ni respaldo estructural, se lanzan en pos de cuanto concurso nacional o internacional aparezca en el Boletín Oficial. Autonómico, etc. El llamado caso Gürtel y los pabellones de Valencia durante unas cuantas ediciones de Fitur lo ilustran sobradamente.

Concursos

Todo lo manifestado tiene su culminación en los llamados a concurso, sus plicas, y los extraños y diferentes tipos de baremos aplicados en las adjudicaciones.

Allí radica la “trama” de los “conseguidores”.

Y allí es dónde las verdaderas empresas de la Industria de Servicios Feriales, una y otra vez “tropiezan” con los “criterios y baremos de las adjudicaciones”.

Es vox populi  el “uso de prácticas poco éticas” o dicho de otra manera, con la impunidad que se resuelven algunos concursos. Con otro agravante, pese a la posibilidad de poder impugnar el resultado de una adjudicación, esto hace abrir un  período (llamémosle judicial) que en principio paraliza la realización de la obra, después de mes y medio se conoce la incierta sentencia (¿por qué tanta lentitud legal?) si es desfavorable al impugnador debe hacerse cargo de las costas del juicio más resarcir al ente que llamó a concurso.

Ante esa incierta posibilidad las empresas no impugnan.

A parte, por supuesto, por más razón que lleve el demandante, puede ir despidiéndose de presentarse a futuros concursos de ese “cliente” literalmente entra en la Lista Negra.

Desde estas páginas

Hemos señalado con largueza el oscuro panorama desarrollado por los diferentes llamados a concursos. Muchos de ellos “diseñados a medida”, otros “cerrados”, varios convocados en plenas vacaciones “casualmente un día miércoles con apertura el próximo lunes”.

Otro tanto sobre los “variopintos participantes” amparados por el pequeño detalle de la falta de “epígrafe”.

Se confunde la “libertad de mercado” con la “patente de corso”.

Aquí no existe el “sobreprecio de la obra pública”, no es necesario, si  se revisa y comprueba en obra el pliego de materiales entre lo ofertado y lo realizado, encontraremos por ejemplo: que dónde se presupuestó una escalera de cristal se reemplazó por una de chapa doblada, huelgan los comentarios.

Se argumentará si una empresa acepta concursar, debe atenerse a los resultados.

Visto lo visto, esa argumentación es falsa, como lo suelen ser algunas adjudicaciones.

Las empresas de Servicios Feriales están totalmente desamparadas contra el intrusismo, la manipulación en los concursos, etc. y no pueden hacer valer sus derechos por falta de posicionamiento. Todas su quejas se diluyen en las “quejosas tertulias de pasillo” durante las largas jornadas de montaje. Así les va hasta el Hartazgo